LA ZARPA JOSE EMILIO PACHECO PDF

Far, far away. En the last non-Communist Government in Latin America, that of Mexico, is replaced by a Chinese supported military junta. The change occurs at the end of a decade of frustration and failure for the United States. Famine has swept repeatedly across Africa and South America.

Author:Dagul Kigazshura
Country:South Africa
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):13 May 2008
Pages:97
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ISBN:578-4-56244-893-3
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Emilio Pacheco Adelina apart el rizador de pestaas y comenz a aplicarse el rimel. Una lnea de sudor manch su frente. La enjug con un clnex y volvi a extender el maquillaje. Eran las diez de la maana. Todo lo impregnaba el calor. Un organillero tocaba el vals Sobre las olas. Lo silenci el estruendo de un carro de sonido en que vibraban voces incomprensibles. Adelina se levant del tocador, abri el ropero y escogi un vestido floreado.

La crinolina ya no se usaba pero, segn la modista, no haba mejor recurso para ocultar un cuerpo como el suyo. Se contempl indulgente en el espejo. Atraves el patio interior entre las macetas y los bates de bisbol, las manoplas y gorras que Oscar haba dejado como para estorbarle su camino. Entr en el cuarto de bao y subi a la balanza. Se descalz, incrdula. Pis de nuevo la cubierta de hule.

Se desnud y prob por tercera vez. La balanza marcaba ochenta kilos. Deba estar descompuesta: era el mismo peso registrado una semana atrs al iniciar la dieta y el ejercicio.

Regres por el patio que era ms bien un pozo de luz con vidrios traslcidos. Un da, como predijo Oscar, el piso iba a desplomarse s ella no adelgazaba. Se imagin cayendo en la tienda de ropa. Los turcos, inquilinos de su padre, la detestaban. Cmo iban a rerse Aziyad y Nadir al verla sepultada bajo metros y metros de popelina. Al llegar al comedor vio como por vez primera los lnguidos retratos familiares: Adelina a los seis meses, triunfadora en el concurso "El beb ms robusto de Veracruz".

Oscar, recin nacido, flotante en un moiss enorme, herencia de su hermana. Oscar, el ao pasado, pitcher en la Liga Infantil del Golfo. Sus padres el da de la boda, l an con uniforme de cadete. Guillermo en la proa del Durango, ya con insignias de capitn. Guillermo en el acto de estrechar la mano al seor presidente en ocasin de unas maniobras entre el castillo de San Juan de Ula y la isla de Sacrificios.

Hortensia al fondo, con sombrilla, tan ufana de su marido y tan cohibida por hallarse junto a la esposa del gobernador y la diputada Goicochea. Adelina, en la fiesta de quince aos, bailando con su padre el vals Fascinacin. Qu da. Mejor ni acordarse. Quin la mand invitar a las Osorio. Y el chambeln que no lleg al Casino: antes que hacer el ridculo valsando con Adelina, prefiri arriesgar su carrera y exponerse a la hostilidad de Guillermo, su implacable instructor en la Heroica Escuela Naval.

Ya estoy hablando sola. Es por no desayunarme-. Fue a la cocina. Se prepar en la licuadora un batido de pltanos y leche condensada. Mientras lo saboreaba hoje Huracn de amor. No haba visto ese nmero de "La Novela Semanal", olvidado por su madre junto a la estufa. Hortensia es tan envidiosa Por qu me seguir escondiendo sus historietas y sus revistas como si yo fuera todava una niita? Adelina se inquiet ante el torso desnudo del hombre que apareca en el dibujo.

Pero nada comparable a cuando encontr en el portafolios de su padre Corrupcin en el internado para seoritas y La seduccin de Lisette. Si Hortensia -o peor: Guillermo- la hubieran sorprendido Regres al bao. En vez de cepillarse los dientes se enjuag con Listerine y se frot los incisivos con la toalla. Cuando iba hacia su cuarto son el telfono. Por qu amaneciste tan furiosa, Adelina? Debes de haber subido otros cien kilos. Ya dime lo que vas a decirme. Tengo prisa. S, claro: vas a desfilar como reina del carnaval en vez de Leticia no?

As quin no. Qu daras por estar ahora arreglndote para el desfile en vez de Leticia. Ja ja, no me importa el desfile. T, Leticia y todo el carnaval me valen una pura chingada. Dime dnde lo aprendiste. No te lo conoca. Ojala te oigan mis paps. Qu te pasa? De cul fumaste?

Ni me dejas hablar Mira, dice mi pap que vamos a comer aqu en Boca del Ro con el vicealmirante; que de una vez va ir a buscarte la camioneta porque luego, con el desfile, no va a haber paso. Dile que tengo mucho que estudiar. Adems ese viejo idiota del vicealmirante me choca.

Siempre con sus bromitas y chistecitos imbciles. Y el pobre de mi pap tiene que celebrarlos. A que no, verdad? Voy a desquitarme, gorda maldita. Te vas a acordar de m, bola de manteca. Adelina colg furiosa el telfono. Sinti ganas de llorar. El calor la rodeaba por todas partes. Abri el ropero infantil adornado con calcomanas de Walt Disney. Sac un bolgrafo y un cuaderno rayado. Fue a la mesa del comedor y escribi: Queridsimo Alberto: Por milsima vez hago en este cuaderno una carta que no te mandar nunca y siempre te dir las mismas cosas.

Mi hermano acaba de insultarme por telfono y mis paps no me quisieron llevar a Boca del Ro. Bueno, Guillermo seguramente quiso; pero Hortensia lo domina. Ella me odia, por celos, porque ve cmo me adora mi pap y cunto se preocupa por m.

Aunque si me quisiera tanto como yo creo ya me hubiese mandado a Espaa, a Canad, a Inglaterra, a no s dnde, lejos de este infierno que mi alma sin ti, ya no soporta. Se detuvo. Tach "que m alma, sin ti, ya no soporta. Te ver de nuevo, por ms que no me mires, cuando pases en el carro alegrico de Leticia. Te lo digo de verdad: Ella no te merece. Te ves tan No ha habido en toda la historia un cadete como t. Y Leticia no es tan guapa como supones. S, de acuerdo, tal vez sea atractiva, no lo niego: por algo lleg a ser reina del carnaval.

Pero su tipo resulta, cmo te dir? No te parece? Y es tan coqueta. Se cree muchsimo. La conozco desde que estbamos en kinder. Ahora es ntima de las Osorio y antes hablaba muy mal de ellas. Se juntan para burlarse de m porque Soy ms inteligente y saco mejores calificaciones. Claro, es natural no ando en fiestas ni cosas de sas, los domingos no voy a dar vueltas al zcalo, ni salgo todo el tiempo con muchachos.

Yo slo pienso en ti amor mo, en el instante en que tus ojos se volvern al fin para mirarme. Pero t, Alberto, me recuerdas?

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In this way, Pacheco strikes a balance between writing socially conscious poetry and upholding his individuality. By the time Pacheco began writing in the late s, such neo-colonialist policies had been institutionalized. Thank you for signing up! This contrasts with the work of many great 20th-century Mexican poets who are known for their metaphysical perspective and highly figurative language.

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