LIBRO DILES QUE NO ME MATEN JUAN RULFO PDF

Palabras clave: Juan Rulfo, sistema verbal, formas no finitas, infinitivos. Throughout the short story, the three non-finite forms infinitive, participle and gerund , indicative tenses present, perfective past, imperfective past, conditional and future , two subjunctive tenses present and past , and finally the imperative tense are distinguished. Among the above mentioned verb forms, Rulfo uses mostly the infinitive with typical verbal complements in order to constitute syntagms displaying different syntactic functions throughout the text. Among other recurring verb forms in the story, both the past tense of the indicative mood and the past participle forming different compound tenses are found. Key words: Juan Rulfo, verbal system, non-finite forms, infinitives.

Author:Dugami Barn
Country:Netherlands
Language:English (Spanish)
Genre:Health and Food
Published (Last):20 July 2016
Pages:19
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ISBN:312-1-43762-118-8
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Eso no lo supieron ellos. Me agarraron por otras cosas, entre otras por la mala costumbre que yo te. Ahora vive conmigo una de ellas, quiza la mejor y mas buena de todas las mujeres que hay en el mundo. La que estaba alli, afuerita de la carcel, es. Te he estado esperando desde hace mucho tiempo. Volvi a sentir el agua fria de la tormenta que estaba cayendo so- bre Telcampana, esa noche que entramos alli y arrasamos el pueblo.

Alli esta. Y apunto con el dedo a un muchacho largo con los ojos azorados: —-iQuitate el sombrero, para que te vea tu padre! Era igualito a mi y con algo de maldad en la mirada. Algo de eso tenia que haber sacado de su padre. El es gente buena. Anda, vete a decirles es0. Que por caridad. Asi diles. Diles que lo hagan por ca- ridad. Hay alli un sargento que no quiere oir ha- blar nada de ti —Haz que te oigan.

Date tus mafas y dile que para sus- tos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver alla. No tengo ganas de ir. Segtin eso, yo soy tu hijo. Nomis eso diles. Lo poco que valgo. Ninguna ganancia. Luego se dio vuelta para decir: Voy, pues.

Ella se encargard de ellos. Eso es lo que urge. Lo habian traido de madrugada. Habfa hecho el inten- to de dormir un rato para apaciguarse, pero el suefio se le habia ido.

No tenia ganas de nada. Aquel asunto de cuando tuvo que matar a don Lupe. No nada mas por noms, como quisieron hacerle ver los de Alima, sino porque tuvo sus razones. Hasta que una vez don Lupe le dijo —Mira, Juvencio, otro animal mas que metas al potre- ro y te lo mato.

Ellos son inocentes. Ahi se lo haiga si me los mata. Por eso me vine a vivir junto con mi hijo a este otro terrenito que yo tenia y que se nombra Palo de Venado. El difunto don Lupe era solo, solamente con su mujer y los dos muchachitos todavia de a gatas.

Y a los mu: chachitos se los Ilevaron lejos, donde unos parientes. Asi que, por parte de ellos, no habia que tener miedo. A veces tenia que salir a la medianoche, como si me fue- ran correteando los perros. No fue un afio ni dos. Fue toda la vida. Me dejaran en paz.

No podia dejar que lo mataran. No po. Mucho menos ahora. Pero para eso lo habian traido de alla, de Palo de Ve. No necesitaron amarrarlo para que los siguiera. El anduvo solo, tnicamente maniatado por el miedo. Ellos se dieron cuenta de que no podia correr con aquel cuerpo viejo, con aquellas piernas flacas como sicuas secas, aca.

Porque a eso iba. Se lo dijeron. Desde entonces lo supo. En algun lugar po dria atin quedar alguna esperanza. Tal vez ellos se hubie- ran equivocado. El vien- to soplaba despacio, se llevaba la tierra seca y traia mas, llena de ese olor como de orines que tiene el polvo de los caminos.

Sus ojos, que se habian apeiuscado con los afos, ve nian viendo la tierra, aqui, debajo de sus pies, a pesar de Ja oscuridad. Alii en la tierra estaba toda su vida. Y s6lo los veia. Podia has- ta imaginar que eran sus amigos; pero no queria hacerlo. No lo eran. Los vela a su lado la. Ha bian atravesado los surcos pisando la milpa tierna. Pero ellos no se detuvieron. Los habia visto con tiempo. Siempre tuvo la suerte de ver con tiempo todo. Al fin y al cabo la milpa no se 1o- graria de ningun modo.

Ya era tiempo de que hubieran venido las aguas y las aguas no aparecian y la milpa co- menzaba a marchitarse. No tardaria en estar seca del todo. Asi que ni valia la pena de haber bajado; haberse meti do entre aquellos hombres como en un agujero, para ya no volver a salir. De manera que cuando se puso a hablar, no supo si lo habian oido.

Dijo —Yo nunca le he hecho daiio a nadie —eso dijo. Pero nada cambi6. Siguieron igual, como si hubieran venido dormides. Mi coronel, aqui esta el hombre. Se habian detenido detante del boquete de la puerta. Dile al coronel que de alla mismo soy. Y que alli he vivido hasta hace poco. Dile que sf lo conuci. Ya muris. Con nosotros, eso pas6.

Uno trata de ol- vidarlo. No puedo perdonarle que siga viviendo. No de- bia haber nacido nunca. Ya no valgo nada. Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta afios escondido como un apes- tado, siempre con el pdlpito de que en cualquier rato me matarian.

No merezco morir asi, coronel. No me mates! Estaba alli, como si lo hubieran gotpeado, sacudiendo su sombrero contra la tierra. En seguida la voz de alld adentro dijo: —Amartenlo y denle algo de beber hasta que se embo- rrache para que no le duelan los tiros Ahora, por fin, se habia apaciagudo. Habia venido su hijo Justina y su hijo Justino se hebia ido y habia vuelto y ahora otra vez.

Le me tid su cabeza dentro de un costal para que no diera mala impresion. Y luego le hizo pelos al burro y se fueron, arre biatados, de prisa, para Megar a Palo de Venado todavia con tiempo para arreglar el velorio del difunto.

2N5460 DATASHEET PDF

Juan Rulfo

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INTORNO AL IDOL MIO PDF

¡Diles que no me maten!

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